sábado, 3 de agosto de 2013
Otro problema que enfrenta esta población se relaciona con las nociones de lengua escrita que reciben en el aula, que no les son suficientes para leer y escribir en forma adecuada.
Alrededor del dos por ciento de la población mexicana es sorda y la mayoría vive en condiciones precarias, lo que acentua la falta de acceso a la educación superior, indicó Johan C. Cruz, estudiante de la maestría en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
La tarea de instruir a las personas sordas está a cargo de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación Pública (SEP), sin embargo, sólo se oferta hasta el nivel básico de secundaria, y al egresar no tienen opción para continuar.
De acuerdo con el estudiante, otro problema que enfrenta esta población se relaciona con las nociones de lengua escrita que reciben en el aula, que no les son suficientes para leer y escribir en forma adecuada, lo que entorpece la labor y obstaculiza su ingreso al nivel medio superior.
En la tesis Procesos educativos y pedagógicos vinculados con la conformación de la identidad del sordo en la Ciudad de México, 1867-1910, que realiza Johan Cruz, plantea que la idea de que constituyen una minoría con características lingüísticas, culturales y cognoscitivas particulares, debería conducir a un análisis diferente acerca de los problemas específicos de su instrucción.
Incluir a ese sector en la educación media superior y superior constituye un reto, –destacó-, pues se tiene que desarrollar una estructura pedagógica y docente, así como las reformas curriculares para que puedan continuar con su formación.
Sin embargo, lamentó que “la lengua representa un severo problema, pues no existe vocabulario científico ni técnico para explicar ciertos procesos a nivel preparatoria, por ejemplo”.
En ese sentido, el estudiante subrayó que el desafío es crear las herramientas pedagógicas para que comprendan de manera adecuada conceptos que no conocen y tengan competencia educativa idónea en el idioma escrito.
Por otra parte, expuso que tanto el español hablado como escrito, y la lengua de señas, tienen una gramática completamente distinta, lo que obliga a los sordos a razonar en dos formas diferentes y ello también entorpece su aprendizaje.
Fuente: Milenio
Categories: Noticias
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